Ha sucedido un acto de violencia, dice Javier Guillén rodeado de micrófonos de prensa. El director de La Vuelta tiene el gesto severo de un ciudadano ejemplar en medio de una hecatombe, tal vez un incendio o un terremoto, un accidente ferroviario, puede que un tiroteo o un atentado. Busco de inmediato en los periódicos y calculo mentalmente el número de muertos y heridos. Ha debido de ser fatal, un suceso de esos que merecen nuestra más enérgica condena y nuestra solidaridad hacia todas las víctimas, declaramos tres días de luto oficial, etcétera.
En los periódicos, sin embargo, la realidad se revela banal e inofensiva. En una carretera secundaria de Figueres, un puñado de manifestantes ha interrumpido el tránsito de un equipo ciclista. El equipo en cuestión se llama Israel-Premier Tech y es la niña de los ojos de Sylvan Adams, un oligarca canadiense establecido en Tel Aviv que ejerce como embajador del proyecto sionista a través del deporte. En 2018, Adams y Netanyahu unieron sus fuerzas para que el Giro de Italia partiera desde Jerusalén. Lo llamaremos sportwashing.
Hace apenas unos días, Guillén bendijo la participación de Israel-Premier Tech en La Vuelta con argumentos puramente deportivos, aunque es cierto que deslizó un tibio comentario sobre Palestina: “No somos ajenos a la cuestión de Gaza”. Esa tibieza, sin embargo, contrasta con la beligerancia hacia los activistas propalestinos. “Cualquier causa, por muy justa que sea, cuando se reivindica con violencia deja de ser una justa causa”. En Europa se premia a quienes perpetran un genocidio mientras se castiga a quienes lo denuncian.
Detrás de Guillén, entre la sopa de logotipos patrocinadores, descubro el nombre de una cadena de supermercados que ha sido amonestada por la relatora de la ONU por sus operaciones en territorios ocupados. Entre otras marcas distingo también una empresa que ha suministrado automóviles a la Policía israelí. A su lado aparece el nombre de una eléctrica cuya matriz ha sido señalada por su colaboración con una empresa que opera en asentamientos ilegales. Es evidente que La Vuelta no es “ajena a la cuestión de Gaza” y que su aparente neutralidad esconde una evidente toma de partido.
Dirán, como siempre, que no hay que mezclar deporte y política. Eso mismo debió de pensar Ahmed al-Dali, que en 2014 perdió una pierna durante un ataque israelí sobre Gaza. Estaba tan herido que lo habían dado por muerto hasta que lo vieron moverse entre los cadáveres de la morgue. Con el tiempo rehizo su vida como paraciclista en el equipo de los Gaza Sunbirds. La alegría fue breve. Un misil israelí lo mató el pasado mes de mayo. Hablemos de violencia, Guillén. Y hablemos de sus encubridores.