Nunca me interesó demasiado Dawson’s Creek, pero recuerdo haber visto de pasada algún capítulo en La 2. Sé que se emitió también en Canal+ y en K3, y que poco a poco fue ganándose los galones de una serie de culto, referente generacional y fábrica de nostalgias. Su protagonista, Dawson Leery, era un chaval de Massachusetts que soñaba con convertirse en el nuevo Steven Spielberg y que creía a ciegas en el amor verdadero. El típico viacrucis existencial de la adolescencia.
Llegeix l'article d'opinió de Jonathan Martínez en català, aquí.
La serie ha vuelto a la actualidad porque el actor que interpretaba a Dawson, James Van Der Beek, ha muerto a los 48 años a causa de un cáncer colorrectal que le detectaron hace dos años y medio. La noticia ha dado pie a que hablemos en plaza pública sobre los pacientes oncológicos, la noria emocional de la enfermedad, las dudas inevitables, el coraje necesario y la conciencia de la mortalidad, cuestiones que el propio Van Der Beek mencionó en sus redes sociales antes de fallecer.
En el debate público, sin embargo, han aparecido también algunos asuntos más prosaicos. Hace unos meses supimos que el actor estaba subastando sus pertenencias para poder afrontar el tratamiento médico. Un comprador pagó 26.628 dólares por el collar que Dawson le regala a Joey antes del baile de graduación. El jersey blanco del protagonista se entregó por una suma de 2.663 dólares. Una camisa de franela que aparece en la serie valió 2.396 dólares.
Frente a los mensajes de lástima y conmiseración, algunas voces interpelan a los custodios de la privatización sanitaria. Si un actor de conocida trayectoria y prestigio tiene que vender su vida a pedazos para afrontar un tumor, ¿qué crees que pasará contigo, pobretón con ínfulas neoliberales, cuando la sanidad pública caiga a pedazos y tú caigas enfermo? ¿Qué clase de seguro privado crees que te salvará cuando salga más barato dejarte morir que sanarte?
Ayer supimos que Isabel Díaz Ayuso concederá la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a EEUU por ser “el principal faro del mundo libre”. Para comprender el cariz del premio, basta recordar que el último condecorado fue Javier Milei, referente argentino de Vox y Aliança Catalana, que ganó las elecciones con la promesa de estrangular el sistema público de salud. Su modelo inmediato es EEUU, un país subdesarrollado incapaz de garantizar a sus ciudadanos el más elemental derecho a la vida.
Se pueden decir muchas cosas de las extremas derechas. Por ejemplo, que son arrogantes con el débil y serviles con el poderoso. Que se visten de paisano populachero pero trabajan al dictado de los grandes capitales. En realidad, bajo el disfraz xenófobo y securitario, se esconde el fanatismo del libre mercado, el secuestro de lo público y el robo a mano armada de las instituciones sociales. Hay políticas que matan. Y hay partidos con vocación de secta templaria que nos empujan al suicidio colectivo.
