Nadie al volante

«El defecto y la virtud de esta legislatura es que hay demasiadas manos sobre un volante demasiado pequeño. Los equilibrios son efímeros y quebradizos»

18 de juny de 2026

Un amigo me cuenta, entre la sorpresa y la fascinación, que ha tenido su primera experiencia con un robotaxi en una capital China. Al principio todo parece más o menos convencional: basta trastear en una app para elegir un punto de recogida y un destino. Después empieza la novedad, el asombro, la sensación vertiginosa de estar en manos de una máquina rigurosamente diseñada para automatizar el servicio y minimizar el riesgo. “Nadie al volante”, le digo a mi amigo con un deje de escepticismo y de ironía.

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Hace un par de años, durante un debate en el Congreso español, Pedro Sánchez puso en tela de juicio la autoridad de Alberto Núñez Feijóo respecto a Isabel Díaz Ayuso. “No hay nadie al volante” del PP, dijo el presidente. La burla se repitió a las puertas de las últimas elecciones autonómicas de Castilla y León. "No es jefe de la oposición ni jefe de su partido porque no quiere”. Lo cierto es que Feijóo es un líder desdibujado y ceniciento que palidece ante los códigos comunicativos de nuestra época.

Al PP, de todas formas, tampoco parecen sentarle bien los liderazgos demasiado desenvueltos. El pobre Pablo Casado, que en paz descanse, quiso pasarse de listo y terminó con la chola en una bandeja de plata. Pero el PSOE también tuvo sus reyertas. Para que Sánchez llegara a dirigir el partido, hicieron falta litigios, dimisiones colectivas y unas primarias con una Susanísima Díaz que en el plazo de un año y medio iba a perder la dirección del PSOE y la Junta de Andalucía. “La única autoridad en el PSOE soy yo”, dijo una tal Verónica Pérez a las puertas de Ferraz. Nadie al volante.

Ahora, sin embargo, los problemas de liderazgo no afectan tanto al PSOE o al PP como al Gobierno de España. La causa contra Zapatero, sumada al turbión del caso Koldo, ha levantado desconfianzas entre los socios de Sánchez. Así se ha visto últimamente en el pleno del Congreso. Sumar reclama una información más generosa. ERC cuestiona el origen de las famosas joyas. Podemos dice que Sánchez ha traicionado a sus votantes y el PNV vuelve a agitar el fantasma del adelanto electoral.

El defecto y la virtud de esta legislatura es que hay demasiadas manos sobre un volante demasiado pequeño. Los equilibrios son efímeros y quebradizos. Cada cual exige su dosis de poder y trata de darse importancia amenazando con la ruptura. El caso más flagrante es el de Junts, que lleva casi tres años jugando a todas las bandas porque sabe que sus votos pueden decantar la balanza. Feijóo aprovecha el desconcierto y se divierte en El Hormiguero con la placidez de quien cree que juega en casa.

Hasta que Pablo Motos pregunta por Vox y la situación se vuelve incómoda como un hijo bastardo en un velatorio. Mientras tanto, en las profundidades del Estado, se mueven los hilos secretos que gobiernan desde tiempos inmemoriales a golpe de portada, reservado y talonario. España, como los robotaxis chinos, no necesita a nadie al volante. Hay discretos ingenieros en la sombra dispuestos a administrar el invento.

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