Izquierdas territoriales

«El despegue de Adelante Andalucía ha reanimado el debate sobre la vía Rufián»

21 de maig de 2026

La resaca de las elecciones andaluzas ha llegado a las costas más insospechadas. Juan Manuel Moreno Bonilla, holgado ganador, queda eclipsado por una nueva némesis pequeña y peleona. Se dice, se comenta, que Adelante Andalucía acaparó los escaños que le hacían falta al PP para llegar a la mayoría absoluta. Para más inri, los de José Ignacio García han triunfado al margen de Por Andalucía y han refutado el cuento de la lechera de la unidad de la izquierda. No hay garantía de éxito en armar un crucigrama de siglas bajo una misma candidatura.

 

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La prensa española ha empezado a asumir la fortaleza de las “izquierdas territoriales”. Se refieren con esta etiqueta a formaciones como el BNG, la Chunta Aragonesista o EH Bildu. Por lo visto, las izquierdas de obediencia estatal no son “territoriales” porque España no pertenece al ámbito terrestre sino al orden celestial. Antonio Maíllo ha ido más allá y ha rechazado la “moda de la izquierda troceada” con la teoría de que las “tentaciones confederales” benefician al PSOE. Ese mismo PSOE que viene de perder dos escaños en Andalucía.

Curiosamente, el análisis de Maíllo coincide con el de Josep Borrell, que alertaba en X sobre la fragmentación de España. “Un gobierno dependiente de una confederación de ‘izquierdas soberanistas’ sería catastrófico”. Según el veterano socialista, la izquierda lleva en su código genético el rechazo al nacionalismo porque divide a los trabajadores. El nacionalismo, claro está, siempre son los otros. La hemeroteca aún recuerda a Borrell en los mismos guateques de Societat Civil Catalana que frecuentaban Vox, Falange y Democracia Nacional. Viva la unidad proletaria.

El despegue de Adelante Andalucía ha reanimado el debate sobre la vía Rufián. Aunque ERC y EH Bildu repiten que no están por la labor, la prensa ha animado una reflexión que atañe más a las izquierdas españolas que a las naciones sin Estado. A estas alturas, la idea de “izquierda troceada” define con fidelidad el barullo organizativo de lo que un día fue Unidas Podemos. Las peleas intestinas no solo enturbian las relaciones personales, sino que además desgastan las siglas y desalientan a los votantes.

Durante un coloquio ofrecido en Madrid por el Club Siglo XXI, Gabriel Rufián se ha ofrecido a articular “una confluencia entre formaciones políticas estatales y soberanistas”. En principio, su diagnóstico es acertado: si el espacio que queda a la izquierda del PSOE se desmorona, el PP y Vox llegarán sin esfuerzo a la Moncloa. Se trataría de sacar el máximo partido al sistema D’Hondt. Hay una paradoja, sin embargo, que parece quedar en segundo plano. Las izquierdas más exitosas son aquellas que menos necesitan hablar de la unidad de la izquierda. Es legítimo soñar con asaltar los cielos, pero a veces basta poner los pies en la tierra.

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