Que viene el Papa

«Una visita papal es un formidable artefacto ideológico dosificado en forma de imágenes, similar a un megaconcierto de Rosalía»

07 de maig de 2026

Leo que el papa León XIV ha previsto una visita a Catalunya con cierto espíritu de yincana. Si se cumple el guion, su blanquísima Santidad llenará de bendiciones la Sagrada Familia, oficiará un sarao olímpico en el Estadio Lluís Companys, se dará un garbeo por los pasillos carcelarios de Brians 1 y trepará hasta el monasterio de Montserrat para rendir honores a la Moreneta. Por el camino, besará niños, consolará enfermos y saludará a las multitudes con un juego de muñeca firme y metódico que ya quisieran para sí los campeones de Roland Garros.

Es todo un espectáculo. El escritor Rafael Chirbes, poco sospechoso de tolerar beaterías, narraba maravillado la visita del Papa a València en 2006. En aquella ocasión se trataba de Benedicto XVI. Lo que más impactó a Chirbes fue la retransmisión de Canal 9, todo un despliegue de cine documental en directo que embellecía la ciudad justo después de un funesto accidente de metro. La puesta en escena era tan exuberante que parecía obra de algún jefe de orquesta vaticano. “No parece que los peperos, esas malas bestias, hayan sido capaces de este montaje”.

Sea como fuere, una visita papal es un formidable artefacto ideológico dosificado en forma de imágenes. Esta vez, como tantas otras veces, habrá reyes, presidentes, banderas oficiales izadas al son de los himnos —tachán, tachán—, con una multitud de figurantes entregados y venidos de latitudes remotas. Será, para entendernos, como un megaconcierto de Rosalía: ella vestida de un blanco inmaculado y el público entregado en un barullo de luces y confesionarios mientras la cosa de Dios queda relegada a una función menos espiritual que decorativa.

Hablando de Lux y Rosalía, es verdad que León XIV llega en un momento aparentemente dulce para la fe. Según datos del Centre d’Estudis d’Opinió, la asistencia de los jóvenes creyentes a actos religiosos pasó de un 2% a un 25% tras la pandemia. También es verdad que el catolicismo se enfrenta a la feroz competición de los cultos evangélicos. El exfutbolista Dani Alves, que el año pasado se estrenó como conferenciante de la iglesia Elim de Girona, reapareció este último fin de semana en el Estadio Metropolitano de Madrid con la palabra de Dios en la boca. 35.000 feligreses vibraron en un éxtasis de fervor y milagrería.

Mientras las redes sociales se llenan de predicadores pentecostales que dan la murga a los pasajeros del metro, las cadenas de televisión se preparan para la tournée papal. Vigilen las carteras. En 2010, durante los prolegómenos del caso Gürtel, supimos que la retransmisión de la visita de Benedicto XVI a València sirvió al Gobierno del PP para cargar a las arcas públicas más de once millones en contratos. Según la instrucción, Radiotelevisión Valenciana confió el suministro de pantallas y megafonía a una empresa amiga, en un procedimiento urgente y sin publicidad, “por un precio desorbitado y notoriamente superior al del servicio realmente prestado”. Yo era ateo, pero ahora creo.