Estoy buscando una casita sencilla y coqueta a las afueras de la ciudad de Nuuk, uno de esos refugios de madera roja construidos al más puro estilo nórdico, con su tejado negro a dos aguas y sus buhardillas con vistas al mar. No es que yo desee vivir en esa ciudad de poca monta y ni siquiera puedo decir que me guste el frío, pero quisiera pasarme por allí de vez en cuando y disponer de mi sagrado derecho a la propiedad. Después de mucho navegar por Google Maps he encontrado lo que buscaba y lo voy a conseguir de una forma u otra.
Llegeix aquí l'article en català de Jonathan Martínez.
Me han bastado unos minutos para dar con su propietaria, una danesa de mirada azul y nombre impronunciable. He llamado por teléfono y le he dicho oiga usted, señora danesa, le ofrezco un dinero nada despreciable por su casita de madera roja y tejado negro a dos aguas. La señora danesa, desconcertada por la oferta, me ha dicho que su casita no está en venta y después me ha contado no sé qué milonga sobre el valor sentimental de la cama donde nació su abuela. Cómo se atreve a hablarme así, le he dicho, y he colgado el teléfono de muy mal café.
Ni corto ni perezoso, me he procurado el teléfono de Radio Inuit, la emisora más dicharachera de la isla. He descolgado el aparato y le he explicado a un señor muy amable que quisiera dedicarle la canción Born in the U.S.A. de Bruce Springsteen a una señora danesa. Me ha puesto en antena. Escúcheme bien, señora danesa, he dicho con voz de chulo de playa. Necesito tener la casita roja de tejado negro a dos aguas que hay en la calle Ajunngitsuusaartoq, esa tan sencilla y coqueta con vistas al mar. Es por la seguridad de todos.
El presentador de Radio Inuit me ha despedido con cajas destempladas, pero todo el mundo en internet ha empezado a hablar de mí y de la casita y de la señora danesa, que algunos ven como una indeseable forastera en Groenlandia. Es por eso que he decidido difundir un vídeo en el que explico que esa casa del demonio será mía cueste lo que cueste, así tenga que enviarle a la señora danesa un escuadrón de matones de Despreokupa. No preferirá usted que se queden la casa los chinos o los rusos, ¿verdad?
El vídeo se ha viralizado, claro está. A fin de cuentas, soy el dueño de las redes sociales y de sus algoritmos. La señora danesa, acojonada perdida, ha accedido a sentarse a negociar. No me gustaría tener que raptarla como hice para comprar mi palacete de verano en Caracas. No quisiera tener que pasarla por las armas y demoler sus propiedades como hice en Gaza. Espero que entienda que somos amigos, hermanos de una alianza internacional que me obliga a defenderla aunque para eso tenga que quedarme con su asquerosa casita roja y pasar un fin de semana al año muriéndome de frío y comiendo carne de foca.
